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Camino de Santiago

Mirar los horarios de los trenes al llegar en Santiago de Compostela es un ejercicio bastante interesante. Acabo de llegar desde Oporto a Portugal, después de aproximadamente 250 km y un viaje de 8 días. En la estación de trenes me informan que volver a Oporto me costaría 5 horas, por el transbordo en Vigo. En avión no sería ni media hora. Y yo me vine caminando.

Experimentando con la lentitud

Este peregrinaje era mucho más que un trayecto de A a B. Caminando descubrí lo que es la lentitud. Caminando aprendí a dejar los pensamientos fluir, de permitir que mis recuerdos, mis sueños, mis ideas se clarifiquen sin interrupciones ni interferencias. La única tarea es seguir a las flechas amarillas. Todo lo demás es un regalo y se saborea con lentitud.

La prisa no sirve para nada en este camino. Los albergues portugueses suelen abrir a las 16h de la tarde y son mucho menos frecuentados que sus iguales en el camino francés. No hay prisa para llegar, puesto que siempre habrá suficiente camas. No sirve de nada llegar antes de las 16h, porque encontrarás una puerta cerrada. El reto para personas altamente eficaces por lo tanto es la lentitud: tomarse media hora para el café en el bar de un pueblecito y charlar con la Señora de detrás de la barra. Sentarse en el muro que rodean las viñas y observar como se mueven suavemente con el viento. Entrar en cada cementerio para apreciar las tumbas sin mirar al reloj. No estás desperdiciando el tiempo de nadie, ni siquiera el tuyo propio. Estás viviendo el presente, porque en este camino no hay pasado ni futuro más allá de los 25-30 km diarios.

El puntero de reloj que mide en kilómetros

Los minutos carecen de importancia cuando el día se mide en km. Antes de salir ya sabes cuántos kilómetros harás hoy. La decisión no depende de ti, sino de la ubicación del próximo albergue. 25km – 30 km – 18 km. No importa si hoy camino 4 horas, 5 horas o 7 horas. Lo importante es llegar, y nadie preguntará por la velocidad ni los horarios. La recompensa es igual para todos: una cama y la compañía de otros peregrinos a la hora de cenar.

En tren el mismo trayecto me costaría 5 horas, por el transbordo en Vigo. Pero sería un trayecto regido por el puntero del reloj y por una vez quiero contar las horas en kilómetros. Imagino que así también puedo llegar lejos.

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Escrito por Valentina Thörner da Cruz , experta en consumo responsable. Aquí puedes leer más de mi experiencia en el camino. Más artículos de Valentina en su archivo de autor de Sloyu

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