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Las flatulencias, el meteorismo o la aerofagia son fuente de espasmos y distensión abdominal. No son una enfermedad, sino un síntoma de los malos hábitos alimentarios o estilo de vida poco adaptado a nuestras necesidades, que se traduce en un exceso de gas en los intestinos, que puede ser expulsado a través de los eructos o del ano.

Panza

Hinchazón abdominal: el mal del siglo XXI

Nuestro organismo genera diariamente una considerable cantidad de gas que procede del que se ingiere al tragar o deglutir y del que producen de forma natural las bacterias de la flora intestinal. El nerviosismo, el estrés, las comidas rápidas, las malas combinaciones alimentarias, el estreñimiento, determinados medicamentos y alimentos que deterioran nuestra flora intestinal…, son factores desencadenantes de estas desagradables molestias digestivas que todos hemos sufrido de forma puntual o bien crónica. Cuando este exceso de gas se acumula y no puede ser expulsado al exterior, se origina el dolor.

¿Cuáles son las causas?

Pueden ser muy diversas y el origen lo encontramos tanto en factores externos como internos:

– Alimentación caótica, sin horarios fijos, “fast food” …
– Ansiedad, estrés, nerviosismo, irritabilidad …
– Si hablamos demasiado o discutimos durante las comidas, podemos tragar una cantidad excesiva de aire
– El exceso de alimentos ricos en hidratos: galletas, pasta, azúcar, pan, patatas…
– Pasar bruscamente de una alimentación refinada a una alimentación rica en fibra
– Ingesta de antibióticos que alteran y desequilibran nuestra microbiota intestinal
– Alimentos flatulentos: cebolla, col, coliflor, alcachofas, legumbres ….
– Edulcorantes de síntesis como la sacarina, aspartamo, xilitol, etc.
– Masticar chicles, fumar, las bebidas con gas y azucaradas, prótesis mal ajustadas en personas mayores …
– Un exceso de agua en las comidas diluye los jugos gástricos y ralentiza la digestión
– Tomar fruta después de las comidas principales. Idealmente, deberíamos tomar la fruta entre horas.
– Hacer la siesta o acostarse justo después de las comidas.
– Mala combinación alimentaria: Mezclar proteína animal con hidratos (exc. Entrecot con patatas fritas) o proteína animal con azúcares de asimilación rápida como la fruta, postres …

Factores internos:

– Desequilibrio de la flora intestinal o falta de enzimas digestivas
– Estreñimiento crónico u ocasional
– Intolerancia a ciertos alimentos
– Enfermedad de Crohn, colon irritable, candidiasis, gastritis, úlceras de estómago …
– Intolerancia a la lactosa, muy habitual en la población adulta. Hay que evitar la leche y derivados, o elegir yogur o kéfir, que al estar fermentados son de más fácil digestión.
– Intolerancia al gluten. En este caso elegiremos cereales sin gluten: arroz, quinoa, mijo, maíz, amaranto, teff, trigo sarraceno … La avena contiene poco gluten y el trigo común, la cebada, el centeno, la espelta y el kamut son ricos en gluten.

¿Qué podemos hacer?

– Dentro de lo posible, intentar llevar una vida más tranquila y relajada
– Adquirir unos hábitos alimentarios más saludables y desterrar las malas costumbres.
– Evitar aquellos alimentos que por experiencia propia sabemos que no nos van bien.
– Generalmente los lácteos, azúcares refinados y cereales ricos en gluten, especialmente el trigo, serían los de primera elección.
– Añadir semillas de comino, hinojo, anís estrellado … a la cocción de alimentos flatulentos como la familia de las coles y las legumbres o tomar una infusión carminativa después de las comidas: hinojo, anís estrellado, comino, anís verde …
– Hervir las legumbres con una tira de alga Kombu
– Evitar el sedentarismo
– Prevenir el estreñimiento con la alimentación y el ejercicio, no con laxantes que irritan el intestino y desequilibran la flora intestinal.
– Si estamos estresados o nerviosos, en vez de café, las infusiones de tila, manzanilla, melisa, azahar …, pueden ayudarnos a relajar
– Evitar el exceso de líquido durante las comidas para no ralentizar la digestión
– No picar entre horas
– Comer con calma, sin discusiones y masticar correctamente los alimentos

Si con estos sencillos consejos nuestras digestiones no mejoran, habrá que consultar al especialista, terapeuta o nutricionista.

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Escrito por Josefina Llargués, una entusiasta defensora de los hábitos saludables
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Fotografía Flickr «Panza»: Pachakutik

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