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Ya llevo varios años aquí viviendo en el regazo de la vieja, sabía, loca e increíble madre India. Los primeros años eran más bien un peregrinaje entre aquí y allá. Volvía una vez al año a España para ganar un poco de dinero, para luego volver a dónde me llamaba mi corazón.

Pero todo en esta vida cambia en algún momento y nos conduce a nuevos caminos. Cuando nació mi hija ya no podía ni quería seguir de esta manera. Había llegado el tiempo de reinventarme. ¿Pero cómo?

Café Baba Cake

Reconocer las oportunidades

Ya llevábamos tiempo alquilando una habitación en nuestra casa a mochileros, pero solamente con esto no nos llegaba el dinero para poder comer y vivir. La temporada turística en los Himalayas sólo dura unos 6 meses al año y en cuanto entraba algo de dinero, salía en lo que dura un respiro, sin poder poner algo de lado.

Tenía muchísimas ideas, pero también muchísimas dudas y miedos. Me torturaba preguntándome ¿y qué pasa si sale mal?

Hay miles de oportunidades que se nos presentan a lo largo de nuestra vida, que ponen el cambio que deseamos a nuestros pies! Solo hay que aprender a reconocerlas y saltar sobre su propia sombra de dudas y excusas.

Así que un día simplemente salté. Empecé a hacer pasteles, una cosa que siempre me había gustado hacer. Ya cuando vivía en España los cocía con mucha ilusión y pasión para los cumpleaños de amigos o para llevar algo a alguna fiesta o reunión.

Empecé a dejar mis pastelitos de amor en la vitrina de un hostal para que el dueño, amigo mío, los vendía por mí. De vez en cuando se vendía un trocito de tarta, pero lo normal era que sobraba la mitad. No lo entendía, porque mochileros había muchísimos, nadie más en el pueblo ofrecía este tipo de dulces y todo lo que cocía me parecía muy, muy rico. La parte positiva: Poder comer mis pasteles y compartirlos con los amigos.

Pasteleria Baba Cake

Poco tiempo después de haber empezado mi misión “Pastelería” vino un amigo del pueblo a casa. Hablando del tema, pensé en voz alta y dije que igual era por el lugar y que si tuviéramos un espacio tipo café, podría había más demanda. El amigo saltó en seguida y me dijo que su familia tenía un local que estaban utilizando y que si queríamos nos lo alquilaba. Mi cuerpo se llenó de un calor tremendo. En seguido fuimos a ver el sitio….y era perfecto! Consistía en una salita y una habitación que podría servir como cocina para poder hacer chai y café, incluso disponía de un expositor de vidrio donde podríamos poner los pásateles. En un par de días pintamos las paredes, montamos unas mesitas con un par de planchas y pusimos unos colchones en el suelo dónde la gente se iba a sentar para saborear nuestras delicias.

Pastel pez

Ahora llevamos ya la segunda temporada y nos va de maravilla! Yo me encargo de hacer los pasteles y mi marido está en el café sirviendo los chais y atendiendo a la gente. Me encanta lo que estoy haciendo y hasta hace poco no sabía de la infinita creatividad que uno puede implicar en una cosa tan simple como hacer un pastel. Gente que viene a vernos por primera vez nos pregunta por la famosa tarta de manzanas, les encanta el sitio, tenemos clientela fija y no son solo los viajeros que vienen a vernos, sino también los indios. Hay un ambiente relajado y de buen rollo y nuestros clientes se suelen convertir en nuestros amigos.

Ahora mi respuesta a la pregunta de “¿y que si sale mal?” es bastante simple: Pues si no sale, no sale y punto. Entonces, este camino o esta cosa no eran para mí y pienso que siempre que se cierra una ventana, se abrirá una puerta con todo un mundo de posibilidades detrás de ella.

A partir de aquí pondré un poco más de energía positiva en mis sueños e ideas y me preguntaré con el cosquilleo de la ilusión en la barriga “¿…y que si sale bien?”

Escrito por Isabelle Collmer, vivo en la India donde me llaman Uma, Website: milindias.com
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