TDAH y mindfulness, una formación online en directo para familiares y educadores. 2 sesiones de 4h en octubre de 2021. Comprender el TDAH y los beneficios de la práctica de mindfulness en su sintomatología.

Me cuenta J. que está harto de los “listillos” que van por ahí aprovechándose de la gente y luego no devuelven los favores; está triste y enfadado con un conocido al que ayudó con su tiempo y experiencia a promover su empresa y que ahora, cuando él necesita que le echen una mano, se ha esfumado de la capa de la tierra.

regalo

Posiblemente el conocido de J. no quería un favor, sino un regalo… ¡y lo consiguió sin problemas!

¡Te debo una!

La gran diferencia entre un favor y un regalo es la deuda; quien pide un favor se compromete a devolverlo, quien ofrece un regalo no espera recompensa.

Todos conocemos personas con una habilidad innata para conseguir el apoyo de los demás cuando lo necesitan y no estar nunca disponibles cuando se les requiere. Consiguen que uno mismo se ofrezca a ayudarles sin que ellos pidan nada, así que… ¿Dónde está la deuda, si le hicieron un regalo?

Los “listillos” van a aparecer regularmente en nuestras vidas, la gran noticia es que no pueden tomar decisiones por ti: ellos piden pero eres tú quien decides si les haces un regalo, un favor ¡o si no te interesa su propuesta!

Contra el vicio de pedir, la virtud de no dar

Si a menudo somos víctimas de los “listillos”, sería buena idea hacer introspección y ver cuál es nuestra responsabilidad, puesto que somos nosotros quienes decidimos aceptar sus peticiones. ¿Alguna de estas circunstancias te resulta familiar?

“Yo pensaba” … y diste por sentado que tu interpretación y la suya era la misma así que le entregaste un regalo pensado que le hacías un favor. La próxima vez, pregunta qué quieren exactamente y aclara si esperas un retorno o no por tu ayuda.

Subidón de ego Me lo ha pedido a MI, ¡entre todas las personas a quien se lo podía pedir! En medio del subidón ya le estoy dando lo que ME pidió convencido que YO voy a ganármelo con MI compromiso y por supuesto recibiré MI justa recompensa porque sin MI, El Elegido, no habría podido conseguirlo. MI decepción posterior es del mismo tamaño que mi ego, mayúscula.

“No me cuesta nada, no es para tanto” Crees que tus dones o habilidades naturales no tienen valor porque no hay “esfuerzo” y te hace feliz compartirlos con los demás, así que ni siquiera te planteas hacer un favor… hasta que ves el tiempo, dedicación y energía que te supone; has regalado tu tesoro a alguien que le dio el mismo valor que le diste tú, ¿qué va a devolverte? Quizás antes de acceder te convenga preguntarte qué representa para ti lo que te piden (tiempo, dinero, expectativas,…).

No se decir NO Muchas personas no saben poner ni defender sus límites con firmeza y sucumben ante la presión de personas más determinadas. “Deja que lo piense” o “Mañana te digo algo” son dos frases que pueden ayudarte a ganar tiempo (y distancia) para que te relajes y te respondas ¿Quiero hacer lo que me pide? ¿Bajo qué condiciones? ¿Quiero algo a cambio?

No quiero valorarme ¿Quizás el reconocimiento de quien acude a ti te da la seguridad en ti mismo que no tienes? Antes de «darle valor» a tu esfuerzo, compromiso o habilidades, prefieres regalarlo y esperar que sean los demás quien se lo den y te «paguen» lo que sea que hayas hecho por ellos. Esperas un retorno que no llega y, en consecuencia, sientes que lo que has hecho no tiene suficiente valor… y vuelves a empezar el círculo. Mientras tu autoestima se tambalea, otros disfrutan de lo mejor de ti… ¡gratis!

Lo que das, te lo das; lo que no das, te lo quitas

Valorarte a ti mismo, respetar tus límites, reconocer tus habilidades y experiencia, preservar suficiente tiempo y espacio para ti, mantener tu autoestima… Conocer los mecanismos que te hacen aceptar las propuestas de los “listillos” te va a ayudar a escapar de ellos, así podrás hacer regalos a quien tu decidas, cuando te apetezca.

Porque cuando regalamos de corazón no nos sentimos traicionados: no tenemos expectativas y en la alegría de dar encontramos la mejor recompensa.

Fotografía Flickr «Regalo para Toni»: Andy Mangold

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